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14 ago. 2018

Colombia La Guerra Interminable…La Movilización de las FARC-EP y la Expansión del EPL

Por medio de un comunicado, fechado el  día 13 de Diciembre de 2016, son expulsados públicamente de la nueva organización política de las FARC-EP cinco comandantes que se distanciaron del lineamiento político-militar del secretariado, en los medios de comunicación se hacían entonces toda clase de especulaciones infundadas acerca de las “disidencias” y la supuesta aparición de “bandas criminales” a partir del retiro a cuenta gotas de mandos medios y combatientes que pasaron de ser escépticos a sentirse absolutamente chasqueados acerca del feliz término de los acuerdos, todo básicamente  por la corrupción e incompetencia de las instituciones encargadas  y sus funcionarios quienes fueron delegados expresamente por el estado, para hacer efectivos los programas de reinserción con los que se comprometió el gobierno en los diálogos de la Habana.

La realidad es que naturalmente las FARC-EP han retornado a sus zonas de influencia como organización político- militar activa esto independientemente de que les guste o no a los miembros del secretariado, quienes supuestamente representaron a cabalidad los intereses de toda la base guerrillera, durante las negociaciones en Cuba y que pretenden aparecer ahora ante la opinión y la prensa, como los “propietarios exclusivos” de una razón social, acrónimo y logotipo de una organización política armada que se fragmentó; como si esto se tratara de una querella por los derechos sobre un marca registrada, algo muy propio en las economías de mercado capitalistas por los perjuicios económicos y de imagen que el uso ilegal de una marca o material con identidad corporativa ocasionan al propietario legal; pero un concepto muy extraño tratándose de un grupo guerrillero que durante medio siglo defendió con fusil en mano las tesis del socialismo.

La cara más mediática de esta nueva versión de las FARC-EP es el comandante del Frente Oliver Sinisterra, Wálter Patricio Artízala conocido con el alias de ‘Guacho’, excombatiente de la columna móvil Daniel Aldana y quien reivindica el control territorial que históricamente ejerció esa organización insurgente en una área extensa al sur-occidente del departamento de Nariño y en el sur del departamento del Cauca, donde  la población civil está conminada por los ‘traquetos’ a la siembra de cultivos ilícitos porque son una fuente de enormes recursos económicos para las partes interesadas en el negocio, de un lado las bandas organizadas de narcotraficantes, y del otro las organizaciones políticas armadas, por cuenta de los gravámenes que recaudan a modo de “peajes”, durante los procesos asociados a la producción de cocaína y de las actividades de  minería artesanal para el financiamiento de su lucha contra el estado.

Esta simbiosis entre los principales dinamizadores de una creciente economía ilegal que sustituyen*, eficazmente la fantasmagórica institucionalidad, así como cualquier sistema lícito de producción agropecuaria, permiten el surgimiento de una sofisticada forma de “feudalismo insurgente” entre las comunidades marginadas que  reconocen a los alzados en armas como los únicos garantes de su escaso patrimonio y como voceros legítimos del precario interés colectivo de sus pobladores, quiénes a la sazón terminan identificándose ideológicamente con los objetivos políticos de largo plazo de las estructuras guerrilleras y consolidan rápidamente una base social muy amplia que les otorga la fuerza moral así como el control territorial, sosteniendo y fortaleciendo sus estructuras militares y de apoyo logístico.

Esta cuestión no es algo nuevo en el país, ni es el resultado “normal” de la implementación de los acuerdos de paz en el mundo, como se esfuerzan en presentarlo  los medios de comunicación, la reactivación de una organización político-militar como las FARC-EP con la normalización, estructuras orgánicas y jerárquicas, adiestramiento militar, experiencia en combate y la solida formación ideológica de sus integrantes, tiene que preocupar seriamente a toda la sociedad Colombiana, todavía más, con el considerable agravante del acceso que ahora tienen a sofisticados arsenales enviados desde Norteamérica, aumentando dramáticamente su potencia de fuego a un nivel incluso, en el que no está preparado para combatir, el ejército de Colombia. El estado falla reiteradamente en cumplir con su deber más elemental, que es el de ejercer control eficiente sobre el territorio nacional, primero garantizando a todos los ciudadanos los derechos fundamentales consagrados en la constitución. 

Los políticos y funcionarios estatales de todas las tendencias que cohabitan apoltronados cómodamente en los centros urbanos y dedicados enteramente a sacar provecho, con las típicas artimañas e indecorosas componendas que caracterizan desde tiempos inmemoriales, esa forma ruin de hacer política y que redunda en  la gestión de lo público en Colombia  (Hacen notorio en teoría …como que trabajan para las mayorías, pero los resultados de su cometido siempre entregan beneficios concretos para muy pocos), apenas si han oído acerca de los preceptos fundamentales en el servicio público, como son los de patria, estado y soberanía nacional, se refieren a los mismos con un simplismo absurdo que fielmente exterioriza sus arribistas intereses apátridas. 
No pueden concebir que el bien común al concretarse en la sociedad civil que dicen representar, se torna primordialmente en el bien de la patria misma, porque para poder servir al interés nacional, primero hay que profesar el patriotismo, pero...qué es la patria?, la patria ante todo es familia, es cuna,  es pueblo, es tierra, es historia, es cultura, es tradición, es Empatía..!.

La solución que plantean al grave problema de cesión de la soberanía en la que ha incurrido el estado, es básicamente lo mismo de los últimos 60 años, presencia de las fuerzas armadas oficiales a modo de bases militares o estaciones de policía, incluso y con desvergüenza en regiones con deplorables índices de pobreza multidimensional, estos son a todas luces los alarmantes síntomas de la agonía de un estado fallido, cuyo modelo estructural fracasó y que se sostiene únicamente en base a un aumento de la represión como forma exclusiva de restablecer los fingidos derechos, la ley y el orden constitucional. Esta postura tan indolente y desafiante provoca como reacción, animadversión, un sentimiento de reivindicación entre las masas de campesinos que conduce a un subrepticio apoyo de la población más vulnerable a la causa de "la lucha armada para la toma del poder", por parte de las organizaciones insurgentes, que si bien por el momento están lejos de las ciudades principales y no se hacen notar, sí ejercen y a su manera un sistema de gobierno local sobre amplias extensiones del territorio Colombiano.
Prueba irrefutable de esta afirmación es el aumento superlativo de los cultivos ilícitos como secuela directa de la dinámica de control territorial por parte de organizaciones políticas armadas, grupos organizados de mercenarios al servicio del narcotráfico, así como también de las diversas mutaciones de la delincuencia organizada, actores armados que erróneamente el estado observa con suficiencia y apatía, denigrándolos con toda clase de acrónimos ridículos como: “BACRIM, GAO, GDO, GAOR, ODIN”, etc., pero que a razón del desdén con que los califica, paradójicamente, tampoco es capaz de desarticular y suprimir.

El carácter paramilitar de estos grupos; entendiendo la definición del término, no como la entronización de una fuerza implacable cuya misión, es la defensa a ultranza de los intereses económicos de los terratenientes, la corporatocracia o del estado, sino como corresponde objetivamente al significado real y preciso de la palabra: “Toda organización armada cuyo adiestramiento, estructura, cadena de mando, modo de operar y subcultura son en cierta medida similares a las de un ejército”; los convierte a mediano plazo en una amenaza real, creciente y desestabilizadora para la todavía incipiente República de Colombia que luego de más de 200 años de emancipación no se logra transformar en un Estado Nacional Eficiente en garantizar los derechos fundamentales y como proveedor de bienestar para todos sus ciudadanos sin excepción.

Los Comandantes

Los nuevos liderazgos al interior de las FARC-EP destacan por su adiestramiento, experiencia militar y formación política son comandantes sobresalientes que tienen preeminencia, algunos de ellos son verdaderas personalidades con el carisma suficiente para instigar las bases de la guerrilla en aras de sus objetivos particulares, poseen gran capacidad de organización y pueden sincronizar en el corto plazo la cohesión de las, por ahora, fraccionadas unidades, para transformase en un nuevo “ejército irregular” con unidad de mando, de recursos materiales, morales y de propósito.

Néstor Gregorio Vera Fernández alias ‘Iván Mordisco’, lidera el mítico Frente Primero de las FARC-EP, unidad legendaria al interior de esa organización, multiplicadora de fuerza y cuyo propósito ha sido servir de unidad “nodriza”, célebre por sus destrezas como francotirador es además explosivista, cuenta con un número importante de combatientes que le permiten controlar un área nada despreciable en los extensos departamentos del Vichada, Guainía, Guaviare y Vaupés, hecho del que lógicamente se puede colegir que la influencia y las actividades de este grupo no se derivan del accionar de apenas dos centenares de guerrilleros.

Miguel Botache Santillana alias ‘Gentil Duarte’, lidera el Frente Séptimo otra unidad legendaria y uno de los pilares del otrora poderoso Bloque Oriental de las FARC, en el historial de este Frente, destaca su conducción a cargo del propio Jorge Briceño Suárez alias el ‘Mono Jojoy’, renombrado comandante militar del que sobra intentar hacer cualquier tipo de reseña, ‘Gentil Duarte’ es afamado entre los guerrilleros por su habilidad política y capacidad como estratega militar, su unidad tiene bases sociales en los departamentos del Meta y Guaviare cabe resaltar que una amplia zona donde desarrolla sus operaciones esta unidad irregular corresponde a la de mayor PIB per cápita del país.

Wálter Patricio Artízala Vernaza alias ‘Guacho’, lidera un grupo de excombatientes que integraban anteriormente los Frentes Segundo, 64 y la Columna Móvil Mariscal Sucre, pero que proceden mayoritariamente de la Columna Móvil Daniel Aldana un grupo de élite, con los facciosos reunidos bajo su mando activó el Frente Oliver Sinisterra, que controla el occidente del departamento de Nariño y parte del Sur del Cauca, ha logrado una rápida expansión de su estructura por el fuerte flujo de recursos que percibe fruto de los gravámenes a las bandas que están vinculadas al desarrollo de los cultivos ilícitos, producción y tráfico de cocaína. ‘Guacho’ coordina planes concretos de integración con ‘Gentil Duarte’ y el reactivado Comando Conjunto de Occidente de las FARC-EP.

Géner García Molina alias ‘John 40’, comandante de tradicional ascendencia familiar dentro de la organización su abuelo Roque Molina el ‘Diablo’, era un integrante del histórico circulo de Manuel Marulanda Vélez, fue miembro de la juventud comunista JUCO, combatió en los Frentes Séptimo, 40 y 16, como comandante del Frente 43 en el año 2008 fue herido gravemente durante un bombardeo de la F.A.C. A su campamento, es un comandante muy astuto y eficiente  a la hora de conseguir recursos económicos, sabe relacionarse muy bien con los jefes del narcotráfico, también es excéntrico en cuanto a sus gustos personales y las actividades de esparcimiento que organiza para motivar a sus combatientes, es el líder del Frente Acacio Molina, su unidad dirige actividades de minería en el sur de Venezuela y obtiene inmensos recursos económicos por el estricto control que ejerce en las rutas del narcotráfico hacia Venezuela y Brasil, en Colombia opera en los departamentos del  Meta, Guaviare y Guainía, se le perfila como un jefe algo díscolo pero en realidad coordina sus actividades con las estructuras de ‘Gentil Duarte’ e ‘Iván Mordisco’.

Luis Palomino Masmela alias ‘Juvenal’, comandante de la Columna Móvil Miller Perdomo, experto en la elaboración de AEI, municiones y piezas de artillería artesanal, fue jefe de seguridad de Pablo Catatumbo, con más de 20 años en las FARC-EP combatió en el Frente 30, también fue integrante de la Columna Móvil Manuel Cepeda, hábil comandante en el planeamiento y desarrollo de operaciones especiales, su unidad opera entre los departamentos de Nariño, Cauca y Valle del Cauca, coordina sus actividades con las estructuras de ‘Guacho’ y el Comando Conjunto de Occidente.

Otros comandantes destacados que son jefes importantes a nivel regional y que actualmente son considerados como objetivos de alto valor para el estado son: Édgar Mesías Salgado Aragón alias ‘Rodrigo Cadete’ con 35 años de experiencia en las FARC-EP, comandante del Frente 27 fue combatiente en los Frentes 15, 14, 16, 39 y 40,  Ernesto Orjuela Tovar alias ‘Giovanni Chuspas’ comandante del Frente 16, Miguel Díaz San Martin alias ‘Julián Chollo’ comandante del Frente 40, Alexander Díaz Mendoza alias ‘Calarcá’, Mario López Córdoba alias ‘el Negro Eduar’, Gonzalo Prado García alias ‘Sábalo’,  Jairo Ortiz Calderón ‘Jairo 1°’, Ricardo Abel Ayala Urrego alias ‘Cabuyo’. 

(Los comandantes guerrilleros abatidos recientemente son: Nelson Lerves Giraldo alias ‘el Mocho Leiber’ quien fue dado de baja durante la Operación ASTREA IV por un bombardeo de la FAC el 19 de Marzo de 2018 y Luis Alfonso Lizcano Gualdrón alias ‘Euclides Mora’ era el segundo comandante del Frente Séptimo, quien además fue comandante de los Frentes 39, 52, 54 y 62, participó entre otras operaciones en la toma a la base antinarcóticos de Miraflores y en el ataque contra la BRIM # 3 batallón de contraguerrillas # 52 durante el trágico asalto al campamento militar en la quebrada el Billar, en el departamento del Caquetá, fue abatido el 27 de Septiembre de 2017 en la Vereda la Itilla, municipio de Calamar, departamento del Guaviare, por un certero disparo de un Francotirador de las Fuerzas Especiales del Ejército).

Las FARC-EP cuentan actualmente con más de 2.000 guerrilleros divididos aproximadamente  en unas 20 columnas que operan parcialmente en los departamentos de Meta, Vichada, Guaviare, Guainía, Vaupés, Amazonas, Caquetá, Putumayo, Nariño, Cauca, Huila, Valle del Cauca, Chocó y Antioquia. 
Esporádicamente y como ardid se revelan con escaso poder bélico, limitándose a las acciones militares asimétricas, por causa de las intensas operaciones en su contra, se están defendiendo a nivel estratégico,  justo en una coyuntura difícil, donde están en pleno proceso de afianzamiento de sus estructuras armadas, reorganización de su cadena de mando, sus comandantes aún no han establecido los mecanismos de comando, control y comunicaciones, que les permitan aplicar la fuerza efectivamente en el escenario de batalla con los recursos que tienen a su disposición, saben que eventualmente no tienen la capacidad de realizar una defensa en profundidad y prefieren darle prioridad a obtener la cohesión de las distintas fuerzas que todavía están dispersas; ‘corregir ‘ a los camaradas ‘descarriados’, impartir la disciplina, restablecer el orden de las normas internas de comando, la educación y la formación política, coordinar acciones con los otros líderes regionales para frenar las ‘ruedas sueltas’, instruir a nuevos reclutas, acumular pertrechos y poder incoar un rápido proceso de expansión que posteriormente les permita atacar eficazmente a nivel operativo. 
Dentro de los planes a corto plazo, que lidera alias ‘Gentil Duarte’ está en primer lugar  la realización de una cumbre nacional guerrillera, para conciliar las diferencias, evaluar las experiencias, implementar la doctrina, los procedimientos para la integración de medios y definir la jerarquía, basas que les permitan conquistar objetivos comunes, como una sola estructura a nivel táctico y estratégico.

A comienzos del año 2018 el Ejército Popular de Liberación EPL, publicó un vídeo donde presentaba a la opinión, los resultados más que satisfactorios de la gestión de las comisiones pertenecientes al Frente Libardo Mora Toro enviadas al Occidente del país para conformar las nuevas unidades de esa organización que van a operar en Nariño, Cauca y Valle del Cauca, además de la ya conocida presencia de esa organización armada en la conflictiva región del Catatumbo, el EPL ahora está avanzando con éxito en ampliar paulatinamente su área de influencia a otros departamentos fuera de Norte de Santander, producto de la fértil alianza con guerrilleros de las FARC-EP, exintegrantes de la Columna Móvil Mariscal Sucre y los Frentes Sexto y 30 que se desvincularon del fallido proceso de paz con el gobierno, para retomar las armas y continuar en la contienda, pero ahora bajo las banderas del EPL, que ha logrado poner pie en una zona estratégica, para sus propósitos militares y donde la perspectiva de obtener enormes recursos económicos para financiar sus actividades le permitirán volver a ocupar el lugar histórico, que tenían antes de 1991, como organización política armada en Colombia.
El gobierno tiene la imposición ética, de primero cumplir y después hacer cumplir, a todos los ciudadanos con los deberes e igualmente convalidar los derechos consagrados en la constitución de la república que es ley suprema, la cual debe tener alcance en todo el territorio nacional sin exclusión. La aparente reactivación continua de las organizaciones políticas armadas, tanto como de otros tipos de organizaciones cuyas motivaciones son menos altruistas, pero que indefectiblemente ejercen control del territorio, arredran a la población y desarrollan la economía ilegal, son simplemente manifestaciones de una reclamación bizarra y a la vez urgente de soberanía a la administración, por parte de comunidades enteras que han estado continuamente sumidas en el ostracismo.

El actual presidente y sus ministros deben entender que la táctica más eficaz no resulta  de procurar derrotar al nuevo adversario a partir de las guarniciones, sino que la estrategia es ganar la legitimidad moral desde un plan integral de acción conjunta de todos los ministerios en esas zonas de predominio del “feudalismo insurgente”, para así derrotar de raíz las verdaderas causas que originan la rebelión armada, además de otros fenómenos delincuenciales, es un contrasentido limitarse únicamente y de manera temporal a atacar militarmente la consecuencia directa de la irresponsabilidad histórica y moral del Estado y sus instituciones. Esta política incongruente y su desarrollo encaminan al país a un pánfilo escalamiento del conflicto, condenando a la nación a vivir en medio de una trágica  e ineluctable espiral de violencia, que pareciera, no tener fin.

(*Esto por causa de la absoluta ausencia del estado en el ejercicio y defensa real de la soberanía nacional una consecuencia simple y directa de la corrupción y el nulo compromiso del sector público con la ciudadanía, peculiaridad muy usual cuando se crean  “instituciones” burocráticas únicamente con “valía” pero dentro de la participación del presupuesto y sumamente ineficaces en el cumplimiento de su función)